Estados Unidos lanzó un ataque en plena Navidad tras semanas de advertencias explícitas de Donald Trump sobre la violencia yihadista contra los cristianos en Nigeria, culminando en una acción militar directa en pleno periodo navideño.
El Pentágono lanzó ataques aéreos contra objetivos del Estado … Islámico en el noroeste del país africano, en una operación autorizada por el Gobierno nigeriano y presentada por la Casa Blanca como una respuesta directa a la violencia extremista.
Las fuerzas estadounidenses atacaron posiciones de militantes vinculados al Estado Islámico en el estado de Sokoto, que es una zona fronteriza con Níger convertida en foco de expansión yihadista y secuestros masivos.
Las cifras más circuladas en EE.UU. las aporta la ONG nigeriana International Society for Civil Liberties and Rule of Law (InterSociety), que sostiene que desde 2009 han sido asesinados más de 100.000 cristianos en Nigeria y que solo entre enero y agosto de 2025 murieron más de 7.000.
El Pentágono y el Mando África de EE.UU. confirmaron que se trató de «múltiples ataques» contra lo que calificaron como terroristas del Estado Islámico.
El presidente Trump afirmó en redes que los ataques iban dirigidos contra grupos que «están atacando y asesinando brutalmente, principalmente, a cristianos inocentes», y los enmarcó en una estrategia más amplia de presión militar.
El presidente celebró públicamente la operación en redes sociales el mismo día de Navidad, llamando a los yihadistas «basura».
«Felix Navidad a todos incluidos los terroristas muertos, de los que habrá muchos más si no paran la matanza de cristianos».
Nigeria confirmó que los bombardeos formaron parte de un intercambio de inteligencia y coordinación estratégica con Estados Unidos.
«Golpes de precisión»
El Gobierno de Abuja describió los ataques como «golpes de precisión» contra el terrorismo y subrayó que se realizaron con su consentimiento.
Los objetivos de los ataques pertenecen a la llamada Provincia del Estado Islámico en el Sahel, conocida localmente como Lakurawa, un grupo que opera en el noroeste de Nigeria y que en los últimos años ha incrementado asesinatos, secuestros, violaciones y control territorial en zonas rurales.
Las autoridades estadounidenses no han confirmado el número de bajas ni el alcance de los daños causados por los bombardeos.
Rusia, con presencia en África, no intervino ni reaccionó de forma directa a la operación, y Washington no ha señalado ninguna preocupación por una escalada internacional derivada de los ataques en Nigeria.
Los ataques se producen tras semanas de amenazas públicas de Trump, que había advertido de que EE.UU. podría actuar militarmente si el Gobierno nigeriano no frenaba la violencia contra comunidades cristianas.
Nigeria había sido designada previamente por EE.UU. como «país de especial preocupación» por libertad religiosa en un informe.
El propio gobierno estadounidense ha afirmado que la violencia en Nigeria afecta tanto a cristianos como a musulmanes y que el conflicto tiene raíces profundas en la pobreza, la ausencia del Estado y la falta de gobernanza, más que en una persecución religiosa exclusiva.
El ejército nigeriano, desbordado por múltiples frentes internos, considera los ataques estadounidenses un apoyo clave, aunque expertos advierten de que los bombardeos aéreos no suelen ser sostenidos ni decisivos frente a grupos móviles que se desplazan entre varios países del Sahel.
Estados Unidos ha perdido en los últimos años bases clave contra el yihadismo en Níger y Chad, lo que ha reducido su presencia directa en la región y ha facilitado la entrada de actores armados respaldados por Rusia.





